Daniel Martín, encuentracosas y buceador de secano
El Zaguán
Visitas inesperadas.
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Visitas inesperadas.

Desde El Zaguán, espero una visita que no llega.

A veces me siento en el zaguán de casa esperando que entre alguien que no espero. Pero ya hace mucho tiempo que no ocurre. Eso de prepararse para ir a hacer una visita sin avisar se acabó.

Ahora todo está calculado. Todo está medido con precisión. Desde un discurso hasta una foto. Desde la harina que le echas al queque hasta los litros de agua que tenemos que beber al día. Ya nada es improvisado. Yo creo que por eso todo el mundo está tan cansado. Es normal. Yo también lo estaría si el día entero tuviera que estar analizando todo lo que ocurre a mi alrededor. Debe ser agotador.

En las piscinas todos hacemos pie. Podemos saber los metros que va a subir la marea, la salinidad y la temperatura del agua. Parece que más o menos estamos capacitados para atinar cuánto más viviremos. Es tan aburrido… Y entiendo ahora por qué hay tantos que no pueden estarse quietos. Todo el día fisgoneando aquí y allá. Buscando el dorado, un elixir barato que les haga sentirse presentes. ¡Qué gracia me hace esa frase! ¡Sentirse presente! ¡Chiquitas modernidades!

Mi nieto es hiperactivo. Y en casa mi hijo le hizo una fiesta para celebrarlo, como ya no hacen la primera comunión. Los padres están todo el día grabándolo. Ese niño tiene más minutos delante de la cámara que Alfredo Landa. Ese sí que era un buen actor. A lo mejor un día viene a visitarme. Alfredo, no, mi nieto.

Él se aburre con todo, como todos ya. Por eso viene poco a verme. El aburrimiento duele. A lo mejor no me han avisado, y vienen de camino.

Vamos a seguir esperando un ratito más, que todavía es pronto para el café.

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